
El coleccionismo de arte es una de las actividades más antiguas, tomando seriedad en el Renacimiento con el surgimiento de mecenas y las grandes familias aristócratas. No solo implicaba status sino que los coleccionistas eran y son también dueños de partes de la historia y la historia del arte. Hoy en día el fenómeno es mucho más económico, pero nos da la oportunidad de crear una cápsula del tiempo para guardar nuestro pedazo de la historia para la posteridad. Que interesante será en cincuenta años ver el arte producido durante la pandemia, los llamados a la conciencia sobre cambio climático y las expresiones en búsqueda de derechos.
El mercado del arte, como cualquier otro, depende de la demanda, que en este específico caso se compone principalmente por coleccionistas que impulsan las carreras de artistas contemporáneos o suben los precios de artistas de otras épocas al ofrecer grandes sumas de dinero por sus piezas.
En este sector sí podríamos decir que muchas veces, los consumidores, es decir los coleccionistas, tienen la sartén por el mango. Su demanda puede no sólo influir en los precios de las piezas y en qué tan popular se vuelve determinado artista o estilo, sino también cambiar carreras por completo.
Me atrevería a decir que Peggy Guggenheim es uno de los ejemplos más icónicos de este poder. Durante la década de los años cuarenta en NY, su impulso a los artistas del expresionismo abstracto llevó el nombre de personajes como Jackson Pollock a la boca de todos y a crear un espacio válido para esta corriente artística –tan disruptiva en su momento– en el mundo del arte. En el sentido negativo de este poder, en conversación con un artista, nos platicaba el caso de uno de sus amigos pintores, quien gracias a las adquisiciones de un coleccionista acaudalado, había logrado que sus piezas alcanzaran precios exorbitantes. Lamentablemente, el coleccionista falleció y al precio que tenían, sus obras dejaron de venderse, ésto lo puso en una encrucijada e inmovilizó su producción ya que nadie estaba comprando a precios tan altos y si los bajaba, las obras previamente adquiridas por otros se devaluarían enormemente y ésto implicaría una pérdida de prestigio.
¿Sabes cómo empezar a formar tu colección?
Un primer paso es visitar los lugares que ofrecen arte al público, explorar las tendencias actuales y decidir qué te gusta y en qué quisieras invertir. El arte es un bien tan usado como activo de inversión que en el mundo existen bodegas del tamaño de estacionamientos enteros que guardan piezas de coleccionistas que nadie llega a ver, a menos de que necesite liquidez.
Visitar galerías y ferias de arte te da una sensación bastante completa de lo que se está produciendo en el mundo del arte actual, hoy en día la escena del arte contemporáneo mexicana explora diferentes temas y la variedad de técnicas es infinita. Si quieres empezar por una escultura muy estética y significativa, Paula Cortazar, artista regia, tiene una propuesta muy interesante sobre la conexión terrenal del arte y la naturaleza. En pintura tenemos artistas como Mariana Paniagua que hace paralelismos con el estilo de Francis Bacon en su aproximación violenta a los fenómenos, pero sobre temas muy sensoriales como es la percepción humana de los fenómenos naturales, abstrayendo lo figurativo y concentrándose en la expresión.
Para gustos más figurativos, Elena Climent es una artista que crea imágenes muy conocidas y cercanas a los mexicanos, nos regala bodegones modernos y escenas urbanas de la cotidianeidad chilanga.
Para encontrar joyas de artistas de finales del siglo pasado recomiendo acudir a subastas. En ellas se ofrecen piezas que podrían estar en colecciones de museos y te dan la posibilidad de coleccionar piezas de Rivera, Siqueiros o algún moderno como Alfredo Zalce.
La CDMX es la entidad federativa con el mayor número de galerías a nivel nacional, y la oferta es viable para todos los bolsillos. A los coleccionistas primerizos les recomiendo visitar las galerías en un ánimo de descubrir qué te gusta dentro del arte contemporáneo, y a partir de ahí buscar los recintos especializados en ese tipo de arte, medio o artista. Para tener una aproximación a piezas más asequibles, existen galerías que fungen como plataforma para que los artistas emergentes puedan acceder al mercado del arte con el respaldo de expertos; Trastienda Machete, Casa Equis o Mooni.
Todos podemos coleccionar arte y al hacerlo no sólo afilamos nuestro ojo artístico y ganamos una perspectiva diferente de nuestra realidad contemporánea, sino que apoyamos la carrera de los artistas y fomentamos la creación en nuestro país.
Autor
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Laura Castillo estudió Relaciones Internacionales en el ITAM y se especializó en Artes y Dinámicas del Mercado en Sotheby's Institute of Art, Centro y la Ibero. Tiene experiencia en sectores sin fines de lucro y la Secretaría de Cultura del Gobierno Federal. Trabajó en la dirección de exposiciones en el Instituto Nacional de Antropología y actualmente es Directora de Operaciones para Meridiano, en Puerto Escondido, Oaxaca.




Un comentario
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