
Javier Jaén es un diseñador e ilustrador español cuya obra abarca portadas de revistas, carteles de cine y campañas publicitarias. A lo largo de su trayectoria ha colaborado con medios como The Economist, The New York Times y The New Yorker. Al mismo tiempo, ha diseñado los carteles de películas como Madres paralelas y Amarga Navidad, dirigidas por Pedro Almodóvar.
Para él, su trabajo se asemeja más al de un traductor que al de un ilustrador. Su mayor fortaleza radica en trasladar ideas complejas a distintos medios, siendo la imagen el más recurrente, aunque no el único. La filosofía que guía su trabajo parte de lo orgánico y lo práctico, dos características esenciales en su obra.
Jaén cuenta que de pequeño dedicaba la mayor parte de su tiempo a explorar cualquier tipo de medio que llamara su atención. Lo anterior lo ha llevado a ser host de un programa de radio en su universidad y recientemente a realizar una exposición en el Museo de Teruel, en España.
¿Nos puedes compartir un breve resumen de tu trabajo?
Nunca tuve un plan claro para ser diseñador ni dedicarme a las artes. De pequeño no era el típico niño que dibuja todo el día ni alguien que destacara por su lado artístico. Lo que sí me fascinaba era lo audiovisual: el cine, la televisión, la radio y la música. De hecho, entre los 12 y los 24 años trabajé en una emisora de radio haciendo programas musicales y de humor. Sin darme cuenta, allí empezó mi manera de relacionarme con la comunicación, que es, en el fondo, a lo que hoy me dedico.
¿Y cómo pasas de ser un estudiante a ilustrar para medios como The Economist y The New York Times?
Fue un proceso bastante natural. Más que una estrategia, fue la sensación de que era un campo estimulante y en el que quizá tenía algo que aportar. Poco a poco el trabajo se fue complicando, sofisticando y profesionalizando. Pasé de trabajar en la mesa de mi habitación, en casa de mis padres, a un piso compartido; luego a un pequeño local alquilado con un amigo, y más tarde al lugar desde donde trabajo hoy.
Durante mucho tiempo hice de hombre orquesta: tocaba el violín, el bombo, el clarinete y la pandereta con el pie. Pero con el tiempo te das cuenta de que quizá no eres quien mejor toca todos los instrumentos. A veces se me olvidaba enviar facturas o atender ciertas partes del trabajo que también son importantes. Entendí que necesitaba rodearme de gente que me ayudara.
De ahí surge la idea de añadir studio a mi nombre, casi como un segundo apellido: una manera de reconocer que esto no lo hago solo, y de dejar la puerta abierta a que otros colaboren conmigo para que el trabajo sea posible.

¿Nos puedes hablar un poco sobre tu trabajo con el director Pedro Almodóvar? ¿Qué aprendizaje te trajo colaborar con él?
Es probablemente una de las personas de las que más he aprendido. Todo empezó de manera bastante inesperada: estaba a punto de irme de vacaciones cuando me llamaron para preguntarme si quería trabajar en el proyecto de Madres Paralelas. Al día siguiente ya estaba en Madrid viendo la película con él. Así comenzó nuestra primera colaboración.
Pedro Almodóvar es alguien muy implicado en todos los procesos de sus películas y, especialmente, en todo lo relacionado con el grafismo y la comunicación. No sé cómo se percibe en México, pero en España sus carteles forman parte de la cultura visual del país; no son solo piezas promocionales, sino imágenes que permanecen en la memoria colectiva.
Para mí fue una mezcla de ilusión y vértigo. Más allá de la admiración que le tengo como cineasta, siempre he considerado los carteles de sus películas, y a muchos de los autores que hay detrás, auténticos referentes. Algunos los conozco personalmente y otros no, pero los siento como maestros. De pronto te encuentras dialogando con una tradición visual muy potente y con una expectativa pública muy alta.
Desde entonces hemos trabajado juntos en proyectos como La habitación de al lado, El último sueño o Amarga Navidad. Parte del aprendizaje ha sido entender cómo aportar algo honesto y coherente a cada nueva historia, respetando su universo y haciéndolo evolucionar.
¿Ahora, sobre la censura que recibió el teaser poster de Madres Paralelas? ¿qué nos puedes decir?
Respecto a la controversia por la censura que recibió el teaser poster de Madres Paralelas en redes sociales, la situación fue bastante reveladora. Cuando se publicó la imagen, un primer plano de un pezón lactante con una gota de leche que también evoca un ojo, varias publicaciones en Instagram fueron retiradas porque el algoritmo interpretó ese elemento como “contenido para adultos” y lo eliminó por infringir sus normas contra la desnudez.
La decisión provocó una reacción muy fuerte en redes y medios, no solo por parte de profesionales del diseño y la cultura visual, sino también en torno a debates sobre libertad de expresión, arte y el propio funcionamiento de los algoritmos que moderan contenidos.
Ante la polémica, la empresa Meta (propietaria de Instagram), reculó: admitió que había actuado de forma excesiva y emitió una disculpa, restableciendo las publicaciones al reconocer que el cartel tenía un contexto claramente artístico.
Esto abrió un debate más amplio sobre por qué plataformas automatizadas pueden decidir qué es aceptable moralmente y qué no, y cómo esas decisiones afectan especialmente a la representación del cuerpo femenino. El cartel dejó de ser solo una pieza promocional para convertirse en un punto de discusión sobre la censura, los sesgos de los algoritmos y las normas de contenido en Internet.
En lo personal, esta experiencia me hizo reflexionar sobre temas que creía alejados de mi campo, pero que en realidad están muy vinculados con cómo se perciben y regulan las imágenes hoy en día. La polémica y la enorme conversación que se generó, y que llevó a que la imagen fuera restituida sin pixelar ni esconderla como si fuese algo “peligroso” o pornográfico, ayudó a amplificar una discusión que era absolutamente necesaria.

¿Y cual es tu perspectiva sobre toda la controversia?
A mí, a día de hoy, todo lo que pasó me sigue llamando mucho la atención. El póster de Madres Paralelas nunca fue diseñado para generar polémica de laboratorio, ni pensé en él como un gesto provocador. Simplemente buscábamos una imagen que funcionara para la película y que comunicara su emoción, su tono y su vínculo con la maternidad, el duelo, y la mirada.
Lo que fue sorprendente, y relevante, es que la decisión de eliminarlo no vino de una crítica humana, sino de un sistema automatizado de moderación de contenido. Instagram eliminó varias publicaciones que compartían el cartel por mostrar un pezón de mujer lactante, etiquetándolo como violación de sus normas contra la desnudez; incluso cuando esas mismas políticas aceptan excepciones en contextos artísticos, como finalmente reconoció la propia plataforma al restituirlo y disculparse públicamente.
Que Meta acabara admitiendo el error y pidiendo disculpas es, hasta donde sé, una de las pocas veces que una plataforma como Instagram ha hecho algo así tras una censura masiva.
Lo que me sigue resultando más interesante es que lo que esto revela sobre cómo operan los algoritmos y qué tipo de imágenes permiten o prohíben. Vivimos en un momento en que sistemas automáticos deciden con bastante opacidad qué es moralmente aceptable y qué no; eso influye en cómo se ve, se comparte y se discute la cultura visual.
Y algo que aprendí personalmente con este proyecto es que sí, hay temas que parecen no tener que ver contigo hasta que te ves en medio de ellos: la regulación de los cuerpos, la representación artística, los sesgos de las máquinas. La reacción social y la conversación que se generó ayudaron a que esto no se quedara en un simple “error de algoritmo”, sino en una discusión más amplia sobre censura, visibilidad y contextos culturales en redes.
¿Me puedes hablar del proceso creativo detrás del póster oficial?
Fue un proceso profundamente ligado tanto al tono emocional de la película como a las imágenes que el guión quería transmitir. Buscábamos una imagen que condensara la emoción y el sentido temático del film de una manera clara y visualmente potente.
En este caso, después de ver la película y trabajar en múltiples propuestas diferentes, surgió la idea de centrar el póster oficial en el abrazo entre las dos protagonistas, Penélope Cruz y Milena Smit— como símbolo de esa herida compartida, del vínculo y de la empatía que se desarrolla entre ellas. Este gesto de unión servía como una metáfora visual de los temas centrales: maternidad, dolor, memoria y reparación.
Retomando un poco lo que comentabas, de joven le escribías a medios y les mandabas correos. ¿Cómo era cuando no recibías la respuesta que esperabas?
Es completamente normal, sobre todo cuando estás empezando. Al principio hay que entender que tú eres solo una pieza pequeñita dentro de un mundo enorme. Que alguien no te conteste no significa nada sobre ti: quizá le llegó al spam, no lo vio, no le interesa, es un maleducado, o simplemente todavía no ha encontrado el momento de responder. Todo puede pasar, y nada tiene que ver contigo personalmente.
También hay que aceptar que si escribes a info@nasa.com, puede que reciban millones de mensajes al día y no lo lean. Entonces toca buscar otra vía, volver a escribir más adelante, o insistir con paciencia. Encontrar el equilibrio entre hacerse notar y no ser pesado es complicado; seguro que alguna vez lo habré sobrepasado, y no pasa nada.

¿Tienes en mente otra persona con la que te gustaría colaborar?
Sí, claro, hay muchas personas cuyo trabajo me encanta y con las que me encantaría colaborar. Pero, la verdad, trabajar para alguien a quien admiras mucho puede ser más complicado de lo que parece. De pronto surgen tensiones internas: quieres sorprender, quieres agradar, quieres que todo funcione perfectamente… y esa presión no siempre es el mejor camino para que un proyecto salga bien.
A veces, cuando trabajas con alguien que respetas mucho, terminas bloqueándote o pensando demasiado en cómo vas a ser percibido, en lugar de centrarte en la idea y en lo que realmente necesita el proyecto. Por eso creo que lo más interesante no es solo admirar a alguien desde fuera, sino encontrar formas de colaborar que permitan un intercambio creativo genuino, donde ambas partes puedan aportar sin esa sensación de “tener que demostrar algo”.
Al final, trabajar con personas que te inspiran es maravilloso, pero también requiere paciencia, confianza y saber que el proyecto va más allá de uno mismo. Es un equilibrio delicado entre aprender, aportar y no perder la propia voz en el proceso creativo.
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