Rosalía, lo divino y Lux

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Hace poco me acordé de lo que sentí la primera vez que escuché El Mal Querer, como descubrir un gran tesoro que guardaría para siempre. Con Motomami me pasó un poco lo contrario: no me gustó la primera vez, pero ahora es un disco que no puedo vivir sin escuchar por lo menos un par de veces al mes. Y ahora de nuevo con Lux, traigo a Rosalía metida en la cabeza todo el día. Su forma de hacer arte me fascina, inspira y siempre me deja con ganas de más. Y es que creo firmemente que nadie lo está haciendo como ella, porque desde un principio, Rosalía dejó claro que no venía a encajar en un molde, sino a inventarlo. 

“No basé mi carrera en tener hits, tengo hits porque yo senté las bases.” (Bizcochito, Rosalía)

Rosalía no es solo una cantante, es el ejemplo de lo que es una artista contemporánea: interdisciplinar, híbrida, transmedia, referencial y performática. Su obra no se limita a canciones, es concepto, es imagen, es performance, es investigación y es narrativa. Sus álbumes son una tesis completa de un tema en específico. Su trabajo revela una visión autoral en la que nada se deja al azar y demuestra que ser artista hoy significa habitar varios lenguajes y espacios a la vez. Y es que a pesar de que en sus cuatro álbumes su identidad artística se ha transformado aparentemente, su esencia está estampada en todo lo que hace. 

Con el anuncio de Lux se desataron muchas conversaciones y críticas, ya que se dejó ver la estética religiosa con la que este universo está cargado. Que ya se dejó influenciar por la ola conservadora, fue uno de los comentarios más comunes, que cómo se atreve a de repente tomar de estandarte una religión que ha rechazado a la misma comunidad que la apoya. No solo son críticas sin validez ya que la estética, simbología y espiritualidad católica han formado parte de su imaginario desde el inicio, no es nada nuevo, incluso antes de empezar su carrera hizo el Camino de Santiago para pedir por el éxito de su proyecto musical. Sino que también, Rosalía ha hecho esto en cada álbum: reapropiarse de elementos considerados parte de la alta cultura y mezclarlos con la cultura pop, fusionar ambos elementos para crear uno solo y así dejar un tipo de crítica hacia el discurso de lo que debe ser considerado realmente arte y lo que no. No toma la religión desde un discurso conservador, sino como un medio para expresar su arte.

Ella dialoga con referentes del arte clásico, la literatura medieval y la modernidad, luego los reinterpreta utilizando elementos de la cultura popular, creando obras que se convierten en fenómenos culturales. En Motomami, por ejemplo, reimagina El nacimiento de Venus de Botticelli en su portada; en el video de Hentai recrea El rapto de Europa; y en Malamente hace alusión al Guernica de Picasso. Al colocar símbolos de la “alta cultura” junto a elementos pop sin jerarquizarlos, rompe las barreras y crea un puente entre ambos mundos. Con Lux, este discurso llega a su máxima expresión.  

Lux es una entrega experimental, una mezcla de hiperpop y música clásica, entre muchos otros sonidos a los que no estamos acostumbrados en el mainstream, que se divide en cuatro movimientos: el primero habla de la pureza y su pérdida, el segundo de la relación con el mundo, el tercero de la gracia y amistad con dios y el último de las despedidas y el regreso. Digo que lleva su discurso anterior a su máxima expresión porque en Lux se representa lo divino, mezclado con lo profano ,o terrenal, así como lo hizo antes con la alta cultura y la cultura popular.

En muchas culturas existe la idea del axis mundi: ese punto que conecta lo divino con lo terrenal. En medio está lo sagrado, que surge justo de esa búsqueda de lo divino a través de lo que tenemos aquí, en lo cotidiano. Ese puente puede manifestarse en el arte, la religión, la naturaleza, o en cualquier cosa, persona o lugar donde logramos encontrar un destello de lo divino.

Lux es una manifestación de lo sagrado. Rosalía explora muchas capas de lo divino, lo sagrado y lo terrenal en 15 canciones que se sienten prácticamente como una experiencia religiosa. En su single, Berghain, Björk canta: “La única manera de salvarnos es mediante una intervención divina.” y así es como fuimos introducidos al álbum. En un mundo tan material como el que habitamos actualmente, vivimos arraigados a lo profano y considero que Lux busca un acercamiento a lo divino. 

Además, en esta entrega Rosalía canta en 13 idiomas: su nativos catalán y español, junto con árabe, inglés, francés, alemán, hebreo, italiano, japonés, latín, mandarín, portugués, siciliano y ucraniano. Esto me hizo recordar a la Torre de Babel, un relato bíblico del Libro del Génesis, en el que la humanidad intenta construir una torre para llegar hasta el cielo, cuando dios se entera de esto, se molesta por su rebeldía de intentar alcanzarlo y los hace hablar en diferentes lenguas para que fuera imposible entenderse y tuvieran que detener la construcción y esparcirse por el mundo. Me hizo pensar que, nuestra naturaleza humana nos lleva a querer alcanzar lo divino pero estas mismas limitaciones humanas son las que no nos permiten alcanzar lo divino del todo. Y entonces, Rosalía utiliza Lux para intentar alcanzar lo divino, pero demuestra que de todas formas nunca lo veremos. Rosalía dijo que cada lengua representa una santa diferente, ya que comentó que en el álbum busca explorar la mística femenina. 

Con Lux, Rosalía reafirma su lugar como una de las artistas más completas, vanguardistas y atrevidas de nuestra época y nos demuestra que el arte aún puede ser un espacio de búsqueda espiritual.

Autor

  • Andrea L. Llerenas Villa

    Estudiante de gestión de la cultura y las artes. Amante de la literatura, la música, el cine y en general cualquier representación artística que conmueva.

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Andrea L. Llerenas Villa

Estudiante de gestión de la cultura y las artes. Amante de la literatura, la música, el cine y en general cualquier representación artística que conmueva.
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