
Jorge Luis Borges, citando a Joseph Addison, escribió que los sueños nos revelan la excelencia del alma, ya que en ellos esta se desprende del cuerpo y, en consecuencia, alcanza su auténtica libertad. Este estado, el del sueño, es precisamente el que la artista española, Inés Jimm, explora en su más reciente serie, When You Sleep. Para ella, se trata de “un espacio donde no hay máscaras, donde podemos ser nosotros mismos, libres de filtros y de las expectativas externas”.
No es casualidad que Jimm haya elegido el sueño como objeto de estudio. Durante su adolescencia, alcanzó una fama inesperada gracias al contenido que compartía en redes sociales, un camino que, ella afirma, surgió más de un deseo de encajar que de una decisión deliberada. Sin embargo, incluso cuando esta experiencia le abrió muchas puertas, también le mostró el lado oscuro de esta exposición y el peso de tener que cumplir las expectativas de los demás. When You Sleep nace como una respuesta a este pasado y al mismo tiempo de una necesidad de sanar esa etapa de su vida.
La obra de Jimm hace un llamado a pensar sobre el acto del dormir como una experiencia humana y compartida que es capaz de promover la intimidad y la vulnerabilidad. Esta observación surje en un momento en donde el dormir se ha convertido en nuestro único espacio de disidencia ante un mundo moderno obsesionado con la productividad. Frente a esto, la pintura de Inés Jimm, nos invita a renovar nuestro interés por los sueños y a recordarnos la belleza inherente del dormir.
¿Cómo iniciaste? Tuviste un proyecto como influencer, ¿es cierto?
Inés Jimm: Sí, es una parte que ha transcurrido y creo que me ha llevado a pintar lo que pinto hoy en día. No es algo de lo que reniegue ni lo escondo, pero sí es cierto que en entrevistas anteriores esa parte de mi vida se ha explotado más que mi trabajo actual como artista, y es algo que forma parte del pasado.
Yo siempre quise ser pintora. Desde muy pequeña, decía que quería ilustrar libros porque era lo que me parecía más alcanzable, pero la pintura siempre estuvo presente en mí. Y esto de la ‘belleza’ y las redes sociales fue algo que se dio de manera un poco azarosa.
Me mudé varias veces de ciudad y de colegio, lo que me llevó a tener ese impacto inicial de querer encajar en lugares nuevos donde no conocía el contexto ni los intereses de las personas. Además, en algún colegio sufrí bullying. Supongo que me sentí muy sola y busqué gente similar a mí en las redes sociales cuando aún Instagram ni siquiera existía. Fue en una etapa muy temprana, y por supuesto, la vía para encajar que más rápido se enseña a las mujeres es lo estético lucir bonita. Creo que por eso hacía los vídeos sobre maquillajes, outfits. Luego, con esto de ser influencer, me di cuenta de que estaba promoviendo unos cánones de belleza y consumo que hablaban de mi miedo a no encajar, y que no ayudaban a esta sociedad.
A las mujeres nos enseñan que, cuanto más guapas seamos, más fácil es ser aceptadas. Por ejemplo, llegué a robar ropa en tiendas cuando era adolescente porque sentía que necesitaba verme de cierta manera para encajar. Tenemos tal necesidad de formar parte de algo que podemos llegar a hacer cosas como robar, fingir, cambiar drásticamente nuestra apariencia, mentir o incluso desarrollar trastornos de la conducta alimentaria. Cosas que van completamente en contra de nuestra salud e integridad. Las redes sociales magnificaron esta sensación en mí, y creo que por eso me interesa tanto el sueño y pinto sobre ello. Porque en ese momento estamos abandonados a ser quienes verdaderamente somos, sin poder adornar ni fingir.
Con el tiempo me fui enfocando más en la pintura. Tuve la suerte de poder ahorrar y costearme los estudios y el tiempo para probar, fallar y descubrir de qué quería hablar con mi obra. Pero fueron muchos años de dar pequeños pasos para tener la confianza en lo que hago. Cuando abandoné la idea de ser pintora por la situación económica de crisis que había cuando tenía 16 años, nunca pensé que ahora estaría dedicándome a ello. Por eso probé muchas cosas, porque me sentía aún como una niña. Ilustré, tatué, dibujé, pinté… Y he tenido la suerte de que muchas de las personas que seguían mis canales anteriormente se quedaron en esta etapa también.

En la última serie que hiciste hay mucha gente durmiendo ¿Qué es lo que influyó o inspiró esta serie?
Inés Jimm: Ahora mismo, en este preciso instante, solo estoy pintando gente dormida. Únicamente. Es un proyecto que se llama When You Sleep.
Llevo pintando profesionalmente solo dos años, pero durante ese tiempo he tenido mucho espacio para reflexionar. Además, he pasado por años de terapia, de estar en redes sociales, de observar cómo se construyen personajes de personas y de aprender quién soy yo realmente. Creo que, desde el principio, tuve muy claro lo que a mí me atormentaba.
Por eso mencionaba que la problemática actual de las redes sociales tiene algo de relación con mi trabajo, aunque no sea directamente el tema del proyecto. Me di cuenta de que había vivido esa construcción de un personaje de manera muy exponencial, porque yo trabajaba en ese mundo como un producto. Pero también me di cuenta de que esto es algo que afecta a todos en mayor o menor medida. Es una tendencia social actual, influida por las redes, que nos empuja a construir una versión de nosotros mismos que encaje con ciertas expectativas.
Dependiendo del contexto —ya sea laboral, social o familiar— constantemente estamos modificando, controlando y puliendo aspectos de nuestra personalidad para funcionar como un producto. Y, aunque no quiero sonar demasiado política, creo que esto es una consecuencia del capitalismo. Ya no se trata solo de mejorar un producto para que se venda más, esto ha trascendido a las personas.
En parte, por las redes sociales, hemos llegado a un punto en el que nunca nos hubiéramos imaginado estar tan expuestos a miles de personas, que además tienen prisa y poca intención de conocernos a profundidad. Eso nos obliga a dar una primera impresión brillante y perfecta. Y esa presión es enorme.
En mi caso, tengo un insomnio terrible, siempre lo he tenido. Así que la conexión fue muy lógica para mí, el sueño es el único momento en el que somos nosotros mismos, porque no tenemos la posibilidad de fingir.
Para algunas personas, esto puede ser aterrador, porque tienen miedo de enfrentarse a su verdadera esencia. Pero para otras, es un alivio, un espacio de libertad. Es ese momento en el que llegas a casa, te quitas el sujetador, el maquillaje, te pones el pijama y ya nadie te ve. Es un instante de vulnerabilidad que solo compartes con personas de mucha confianza.
Para mí, eso fue clave: el sueño como el único momento en el que te desprendes no solo de las expectativas que tienes sobre ti mismo, sino también de las expectativas que los demás tienen sobre ti. Y eso es muy biográfico en mi caso, porque yo tuve mucho miedo a ser yo misma y no ser suficiente. Por lo tanto, dejarme “ser” ha sido muy difícil, pero también muy bello. A través de pintar a gente a la que quiero durmiendo, teniendo compasión por esos claroscuros, he aprendido a poder apreciar los míos.
Por eso modulaba mi voz, cuidaba mi apariencia para parecer más naive, entre otras cosas. Y esto tiene mucho que ver con la teoría de género. Mi obra está muy influida por ella, porque he vivido en primera persona las consecuencias de esos estereotipos.
Así que todo este proceso —el insomnio, la presión social, la construcción de un personaje— me llevó a explorar el tema del sueño. Es un espacio donde no hay máscaras, donde podemos ser nosotros mismos sin filtros ni expectativas externas.

Cuando estás en tu momento creativo, ¿qué podrías decir que es tu ritual antes de empezar a pintar?
Inés Jimm: Me pongo mi ropa manchada, porque necesito sentir que me puedo manchar completamente. El espacio también tiene que ser un lugar que pueda ensuciar. Yo no soy muy desordenada ni muy manchona, pero necesito saber que ese es “el sitio”. Por ejemplo, ahora, visitando España, he pasado un mes en el que me ha costado muchísimo ponerme a pintar porque no estoy en mi espacio.Entonces, eso es lo primero: asegurarme de que el espacio es adecuado. Y, además, música a todo volumen.
Me cuesta compartir espacios con otras personas mientras trabajo. Yo canto, bailo, me pongo música en alto… Eso es muy necesario para mí. Me gusta moverme mientras pinto. Aunque luego mi obra es muy medida —no pinto de manera súper expresionista, con líneas por aquí y por allá—, necesito esa libertad de movimiento. Me gusta ir, venir, acercarme y observar lo que estoy haciendo desde diferentes ángulos.
¿También te gusta el cine? ¿Cuáles son tus películas favoritas?
Inés Jimm: Me pierdo un poco entre qué fue del año pasado y qué no. Pero te puedo decir algunas películas que he visto recientemente. Soy súper fan de Wes Anderson. De hecho, mi primera exposición estuvo dedicada a interpretaciones de sus películas.
Déjame pensar… ¿Sabes qué hacía antes? Era súper controladora y me apuntaba todas las películas que veía en una lista, porque tengo muy mala memoria. Pero decidí dejar de hacerlo, porque me estaba obsesionando, y ahora no me acuerdo de casi ninguna.
Me fascinó Lazzaro Felice (Lázaro feliz), de Alice Rohrwacher, que también es la directora de La Quimera.

¿Qué música escuchas ultimamente?
Inés Jimm: Soy como la chica alternativa básica. Escucho Radiohead, The Smiths, The Strokes, Elliott Smith.
¿Qué te trajo a México? ¿Qué es lo que te intrigó para moverte desde donde estabas, en Sevilla, hasta aquí?
Inés Jimm: Bueno, mi recorrido fue un poco así: nací en Sevilla y, a los 18 años, me mudé a Madrid. Ahí es donde transcurre gran parte de mi carrera como influencer y también mis estudios en arte.
Después, en un momento clave, decidí que quería dedicarme al arte de lleno. Esto fue hace unos cuatro o cinco años, y fue cuando me mudé a Londres.Me fui a Londres como una forma de obligarme a salir de ese entorno, y ahí empezó otro capítulo.
¿Cuánto tiempo estuviste en Londres?
Inés Jimm: Muy poquito, unos seis meses. Y hace otros seis meses que me mudé a México.Bueno, hay muchos motivos. Pero, si te soy completamente sincera, el principal es que sentí que México me llamaba. No sé cómo explicarlo, pero sentía que tenía que estar aquí. Lo curioso es que nunca antes había estado en México y, aun así, sabía que quería vivir aquí.
No conocía a nadie que viviera en México, no tenía contactos ni nada por el estilo. Dicen que cuando un país te atrae tanto es porque hay algo del destino detrás, y desde entonces siento que la vida me marca el camino y todo fluye.Tras visitarlo tres veces, ya estaba decidida. Me dieron la residencia Cobertizo y decidí quedarme.

¿México fue tu primera opción?
Inés Jimm: Sí, definitivamente. Amo México y siempre me ha llamado. Pienso que el mercado del arte aquí es súper interesante. Mi plan es seguir explorando y, ojalá, que alguna residencia me lleve a Berlín o a cualquier otra parte del mundo. Pero, si tenía que elegir un lugar para comenzar, México era mi primera opción.
¡Ah! Y me encantan las mariposas. No sé por qué, pero Ciudad de México está llena de mariposas, y eso me parece precioso.
Autor
-
Escribo sobre arte y música



