¿Qué es la colección Gelman y por qué es importante?

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En las últimas semanas, se han visto filas y filas de personas sobre Reforma buscando entrar al Museo de Arte Moderno. La exposición actual ha atraído a multitudes impulsadas por la curiosidad de ver aquello que desde hace meses, no ha dejado de generar conversación: la colección Gelman. Pero, ¿quiénes fueron los Gelman?, ¿por qué su colección es importante? y sobre todo, ¿por qué hoy vuelve a estar en el centro de la conversación? 

Jacques Gelman nació en San Petersburgo, Rusia, en 1909 y creció en Berlín, donde estudió cine. En 1938 se trasladó a México, donde conoció a Natasha Zahalka, originaria de lo que hoy es República Checa, con quien se casó en 1941. Gelman fue productor de algunas de las películas más populares de la Época de Oro del cine mexicano e impulsó la carrera de Cantinflas. Pero quizá su mayor legado fue la colección de arte que reunió junto a Natasha, integrada por obras de Frida Kahlo, Siqueiros, Tamayo, Rivera y Clemente Orozco, entre otros nombres fundamentales del arte moderno mexicano. Se trató de una colección construida a partir del gusto personal de Natasha, obras que deseaba habitar en su casa, encargos específicos y piezas realizadas por artistas cercanos a la pareja. 

El conjunto también incluía una importante sección europea, compuesta por ochenta y un obras de Picasso, Matisse, Kandinsky y otros maestros modernos, que Natasha donó antes de su muerte en 1998 al Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Para la parte mexicana, sin embargo, tenía otros planes. Según dejó establecido ante notario, su deseo era que la colección permaneciera unida y se exhibiera en un museo privado en México. 

La controversia con la colección comienza a finales de los setenta, cuando Robert Littman, curador estadounidense, empieza a asesorar a los Gelman, aunque es tras la muerte de Jacques en 1986 cuando adquiere un papel central como consejero de Natasha. En 1992 comenzaron a surgir evaluaciones y testimonios que ponían en duda la capacidad mental de Natasha Gelman para administrar su patrimonio y firmar documentos legales, un juez federal encontró prueba suficiente de que dos personas pasaron siete años tomando control del patrimonio de una mujer enferma.  Y tras su muerte en 1998, Littman queda al frente de la administración de la colección, la cual entra en una etapa de disputas legales, demandas de herederos y circulación de las obras por varios países. Algunas obras se subastaron en Nueva York y de otras se desconoce su paradero. La colección se fue fragmentando y cambiando tanto que la que vemos hoy en día se parece muy poco a la que Natasha construyó. 

En 2023, Robert Littman vendió la Colección Gelman a la familia Zambrano por una cifra que varias fuentes consideran muy por debajo de su valor real en el mercado. Los compradores recurrieron a un préstamo otorgado por Sotheby’s, división financiera de la casa de subastas, utilizando las propias obras como garantía. O sea que, piezas fundamentales del arte moderno mexicano quedaron respaldando una deuda privada. 

En 2026, esa deuda fue refinanciada por el Banco Santander, que obtuvo control indirecto sobre la empresa propietaria del acervo, hoy presentada como Gelman-Santander. Ahora, haciéndole honor a los legados coloniales que hay entre México y España, la colección será trasladada a la ciudad de Santander mediante un convenio de cinco años, con posibilidad de extenderse. La decisión provocó críticas entre especialistas del arte, ya que al menos 30 de sus piezas están declaradas Monumento Artístico, sin importar si pertenecen a una iniciativa privada o pública, lo cual las reconoce como bienes de interés nacional.

Aunque el gobierno mexicano sostiene que el acuerdo cumple con la normativa de patrimonio cultural y que la colección deberá regresar a México en cinco años, no existen garantías claras de que eso ocurra. A pesar de que se afirma que estas 30 piezas tienen que estar de regreso en México para el 2028, nadie responde a la pregunta de qué pasaría si los Zambrano dejan de pagar su deuda a Santander, ¿cómo recuperará el banco el monto si su garantía son obras que no pueden ser vendidas ni trasladadas definitivamente fuera de México? No sabemos si de repente puedan salir con un “las obras son muy frágiles para transportarlas y acá tenemos mejor capacidad de cuidarlas”. Lo cual convierte este conflicto en una disputa de poder financiero, cultural, político y social. 

Tuve la oportunidad de visitar la exposición la semana pasada y para ser honesta, me resultó difícil apreciarla. Primero, por la cantidad de gente que recorría la sala del museo, pero también lo fue por la curaduría, que agrupa las obras por temas de manera superficial y que ahoga piezas que tendrían que ser protagonistas del recorrido. En lugar de permitir que ciertas obras respiren o dialoguen entre sí, el montaje las diluye dentro de conjuntos saturados que no dicen nada.

El resultado es una exposición que se siente fría, corporativa y desapegada. Hay algo en ella que no termina de conectar con la audiencia. No existe una experiencia de diálogo y conexión con las obras, solo se siente como un inventario prestigioso en una sala de un museo. Lo más llamativo de la exposición son, sin duda, las obras de Frida Kahlo, también las piezas de mayor valor económico y, muy probablemente, lo único que les interesará fuera de México; pero honestamente la curaduría las deja muy ahogadas entre el resto. 

Lo cierto es que esta colección busca representar la cultura  y el arte mexicano, ahora en el extranjero, pero en su estado actual nos obliga a preguntarnos qué significa realmente el patrimonio para nosotros. ¿A quién le pertenece?, ¿por qué significa o no algo para nosotros? Vale la pena ir a ver la colección Gelman mientras aún está aquí, pero también preguntarnos qué significa que estas obras vayan a estar ahora en Santander por tiempo indefinido. Qué implica que los deseos de Natasha, e incluso de Frida y Diego, de que pertenecieran al pueblo mexicano se estén traicionando y cómo defendemos o protegemos aquello que consideramos importante como parte de nuestra historia e identidad. 

Autor

  • Andrea L. Llerenas Villa

    Estudiante de gestión de la cultura y las artes. Amante de la literatura, la música, el cine y en general cualquier representación artística que conmueva.

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Andrea L. Llerenas Villa

Estudiante de gestión de la cultura y las artes. Amante de la literatura, la música, el cine y en general cualquier representación artística que conmueva.
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