
La moda como forma de expresión, nos proporciona una herramienta para revelar no solo nuestra identidad, si no lo que aspiramos a ser. Esta idea es clara cuando una prenda expresa un aspecto de la realidad y visión del artista que la diseña, convirtiéndose en un registro de su estética y la coyuntura del momento, en la cual, somos capaces de percibir la extraordinaria convergencia entre la moda y el arte.
La superficialidad con la que se ha reducido a la moda en su aspecto meramente comercial ha delimitado de cierta forma el valor creativo del artista detrás de la prenda, sin embargo, son algunos los creativos que han logrado trascender y posicionar su visión por medio de las representaciones biodimensionales de sus diseños en la vestimenta. Ante este panorama, continúa el recurrente cuestionamiento si la moda es una forma de arte.
La moda en su amplitud abarca diversas dimensiones, con la cuál se nombra a una industria, centrada en el textil y los productos utilizados para vestir, así como para referirse a la forma de vestir promedio o la “tendencia” de un grupo social y, por otro lado, para reflejar el cambio y aceptación de algún objeto o comportamiento en el tiempo que va más allá de la ropa, presente en un, “esto ya pasó de moda”, reflejando una constante del cambio y la innovación dentro de la moda.Es en uno de los primeros discursos escritos sobre el tema en 1613 titulado, “Le discours nouveau sur la mode”, que se hace una alegoría de la “moda” representada como una bella mujer “hija de la inconsistencia y el cambio”, presente en todas las culturas y sociedades del mundo. En este sentido, la moda se vuelve una forma de plasmar los cambios en el tiempo y es durante está búsqueda, en donde los diseñadores de moda buscan la inspiración para su próxima colección en todo lo que los rodea: formas, colores, el entorno social, histórico y cultural; siendo un proceso creativo similar al que todo artista formula y sigue para plasmar su visión del mundo en sus obras.

La necesidad de exhibir y preservar la apasionada relación entre la moda y el arte ha sido conmemorada durante exposiciones, pasarelas y museos de moda alrededor del mundo, como lo son el Instituto Tecnológico de la Moda en Nueva York (FIT), el Instituto de Traje de Kyoto (KCI), solo por mencionar algunos. Es durante la famosa Gala del Museo Metropolitano de Arte (Met Gala) que se presentan cada año las piezas de archivo que hacen referencia a un punto histórico en específico, en donde estas prendas de vestir avaladas por un recinto cultural adquieren un valor artístico y reafirman la relación de la moda como arte.
Y aunque hasta nuestros días esta relación siga cuestionándose y generando múltiples discusiones, no es posible negar la emoción causada entre algunos espectadores las prendas exhibidas; las cuáles son transmitidas por medio de su color, textura y formas, así como el momento y las circunstancias en el tiempo que fueron creadas, logrando el propósito final del diseñador: despertar emociones en su público por medio de sus piezas.
Esta interrogante nos lleva a nuevos cuestionamientos de acuerdo con la época en que nos encontremos viviendo. En un mundo donde se ha favorecido la rapidez y el reemplazo de las prendas, parecería difícil identificar el valor artístico de las mismas. Aunque, por otro lado, nos abre la puerta a valorar y percibir desde diferentes perspectivas, la moda como una forma de arte.
Autor
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Yoguini y observadora de la belleza desde sus múltiples formas de expresión



