
Hace poco leía un artículo titulado La Caída de Oscar Wilde que reflexiona sobre la vida del poeta, el texto narra el gran éxito alcanzado por el escritor en 1895 año en el que presentó su obra teatral, La Importancia de ser Ernesto, para muchos críticos es considerada la “magnum opus” de su carrera, al estreno asistieron personalidades distinguidas de la sociedad inglesa. Sin embargo, al paso de unos meses su fortuna cambió pues Wilde conoció a Lord Alfred Douglas, un hombre descrito como guapo y elegante, del cual terminó enamorándose profundamente. Más tarde, los rumores del amorío de su hijo comenzaron a extenderse hasta llegar a los oídos del Marqués de Queensbury, padre de Douglas, quien hizo todo lo posible para impedir la relación de ambos.
Tras una serie de disputas entre el Marqués y Wilde este último decide levantar una demanda contra el padre de Douglas. Al iniciar el juicio el Marqués presentó como evidencia el testimonio de un grupo de jóvenes que declararon que el escritor les había pagado por tener sexo con ellos, al final, Wilde fue encontrado culpable bajo los cargos de “gross indecency”, término utilizado para enjuiciar a los hombres homosexuales de la época.
El poeta terminó en bancarrota y condenado a dos años de trabajo forzoso en la prisión de Pentonville, la mayoría de las personas cercanas a él lo abandonaron, incluso su esposa tomó la decisión de cambiar su nombre y dejar el país con sus hijos. Lo interesante de esta historia es la forma en que Wilde perdió a su familia, su prestigio y dinero en tan solo unos meses. Después de ser transferido a la cárcel de Reading Gaol, el autor escribe al respecto:
“ Allí estuve media hora, bajo la lluvia del gris noviembre, rodeado por una multitud que se burlaba de mí. Durante un año después de que me hicieran esto estuve llorando a la misma hora y por el mismo espacio tiempo”
La historia de Wilde es un recordatorio de la incertidumbre que rodea nuestras vidas pues en cualquier momento podemos llegar a perder el dinero y nuestra posición social ya que como seres humanos somos vulnerables. Por ello, la lección que podemos aprender de la biografía del escritor se encuentra en la aceptación de nuestra naturaleza humana, imperfecta e incapaz de tener el control de todo. La consciencia de nuestra propia vulnerabilidad nos ayuda a preocuparnos por el sufrimiento ajeno, recordándonos que el dolor y la adversidad son inherentes a la vida.
Rousseau argumenta que el reconocimiento de nuestra fragilidad es una condición necesaria para la compasión, para el filosofo, solo los individuos que han experimentado el sufrimiento son capaces de sentirla. Wilde también reconoce la importancia de este requisito en su ensayo “De Profundis” cuando escribe: “Los únicos con los que me interesa estar son los artistas y las personas que han sufrido: Los que saben que es la belleza y los que saben que es el dolor; nadie más me interesa”.
Para ambos autores el reconocimiento del dolor y la aceptación de nuestra vulnerabilidad guardan importancia porque nos incitan a preocuparnos por las personas que se encuentran en la ruina y la desgracia . Richard Rorty considera que esta acción nos permite extender el sentido del “nosotros” a los individuos que anteriormente hemos considerado como “ellos” además nos incita a dejar del lado las diferencias ocasionada por la raza, clase y genero comprendiendo que estas carecen de valor cuando se les compara con nuestras similitudes referentes al dolor.
Por otra parte, el crecimiento humano requiere reconocer que somos seres falibles pues a lo largo de nuestra vida nosotros también hemos cometido errores y en algunas ocasiones estos no son producto de una maldad deliberada sino una consecuencia más de nuestra condición humana, es decir, la ambigüedad moral nos define a todos.
El filósofo Peter Hughes, cita uno de los diálogos de ”Un Marido Ideal”, en el que Wilde escribe “nuestra manía moderna por la moralidad” por la cual “todo mundo tiene que posar como un modelo de pureza, incorruptible y todas las demás siete virtudes mortales”. Su intuición es que los miembros en este tipo de sociedad terminarían yéndose uno contra otro, cada uno juzgando los errores cometidos por los demás.
Luego Hughes añade: “Hay crueldad en el vicio. Pero también existe crueldad en la virtud. Cuando nos colocamos sobre un pedestal e ingenuamente afirmamos nuestra virtud moral estamos repitiendo la violencia moral de aquellos a los que nos oponemos”. En cambio, cuando abandonamos los juicios y aprendemos a reconocer que nosotros también cometemos errores nos volvemos compasivos y capaces de amar.
En la época de Wilde la homosexualidad era vista con desapruebo y considerada ilegal, hoy en día nuestra percepción ha cambiado pero mantenemos una actitud moralista hacia los errores ajenos, una mejor sociedad no es aquella en donde los individuos son incapaces abandonar el pedestal social y moral en el que se encuentran, al contrarío, la única manera de preocuparnos por los marginados es acercándonos a ellos. Por lo tanto, nuestro objetivo debe ser extender nuestro circulo de preocupación hacía las personas que instintivamente consideramos como ellos y en el proceso ayudar a construir un mundo más justo y compasivo.
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Escribo sobre arte y música



