“Escribiendo con luz”: Una conversación con Seth Binsted

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“La fotografía, en el sentido literal del término, es ‘escritura de luz’.”

Así definió su práctica Seth Binsted, fotógrafo asentado en Nueva York con formación académica en filosofía. Para él, la luz no es solo una cuestión técnica. A lo largo de nuestra conversación, volvió una y otra vez a la carga emocional y filosófica de la luz y la sombra.

Su primer acercamiento a la fotografía estuvo guiado por la emoción. “La primera verdadera alegría que sentí al tomar fotos vino de la sensación de poder usar la cámara para conquistar mi nostalgia”, contó. La fotografía le daba la ilusión de detener el tiempo. Consecuentemente , comprendería la tensión trágica en el corazón de toda imagen: que las fotografías preservan la memoria, pero también intensifican el sentimiento de pérdida. “La fotografía nos acerca a la realidad de las cosas, al precio de alejarnos de ellas para siempre”, dijo.

Durante su adolescencia en Virginia, comenzó tomando fotografías para eventos locales. Pero ya yacía en él una inquietud más profunda. Tras la muerte de su hermano gemelo, atravesó lo que describe como una crisis espiritual. “Necesitaba algo que pudiera darle sentido a la muerte”, explicó. Esa necesidad lo llevo a la filosofía A lo largo de la universidad y su posgrado, Seth continuó fotografiando. Su vida se mantuvo dividida entre la práctica artística y la reflexión académica. Pero eventualmente, el desgaste empezó a pasarle factura . “Francamente, me agoté sacando ese posgrado y trabajando como fotógrafo”, reconoció. “Al terminar, estaba harto del mundo académico: el clima político, la obsesión ideológica con la identidad, los tipos de resentimiento que generaba. No todo, claro. Hice grandes amigos, pero en general, me sentí desencantado.”. 

Fue entonces cuando decidió dedicarse por completo a la fotografía.Mudarse a Nueva York marcó un punto de cambio. “Fue raro porque nunca había hecho fotografía en estudio”, recordó. Su primer trabajo fue en un estudio comercial, haciendo editoriales y still-work para revistas. “Crecí en un pequeño pueblo en Virginia, en medio de la nada, y había romantizado ese mundo. ¡Pero me cansé rápido!”

Aun así, la experiencia resultó formativa. “Aprendes cómo funciona la luz a nivel técnico”, dijo. “Fue un buen entrenamiento… casi como una ciencia.”

Por supuesto. Mi investigación filosófica y mi fotografía se moldearon mutuamente.
Mi fijación y fascinación por la filosofía surgió a través de lo que se llama ‘fenomenología’. Lo interesante es que la palabra fenómeno viene del griego phainō (aparecer, salir a la luz), que deriva de phōs, luz. Y lo que descubrí fue que—podemos usar la fotografía para comprender no solo nuestra relación con las imágenes, sino también la lógica o logos de la luz que se manifiesta a través de ellas. La fotografía es literalmente una escritura de luz: posee sus propias formas de revelación, su propia fuerza como evidencia y su propia manera de mostrar el mundo, que es significativamente distinta a la pintura.

Así que tanto la filosofía como la fotografía han convergido para mí en lo que llamo “fotología”. Volví, por ejemplo, a Platón, y me di cuenta de que todo se basa en esta metáfora de la luz. Su famosa alegoría de la cueva parte de esa idea: la luz como metáfora principal de la verdad.

Creo que lo que me impulsa hoy es casi una especie de neurosis, un deseo de capturar ese raro destello del poder de ciertas imágenes, esas pocas fotografías capaces de plantear preguntas reales. Es una experiencia que me energiza y me fascina.

El ejemplo que daré es el trabajo que hice en Ucrania. Fui en 2022, cuando estalló la guerra. Cuando lo pienso más, me doy cuenta de que son esas fotos que he olvidado y luego redescubro las que realmente me avivan algo nuevo. Encontrar una imagen que uno ha olvidado equivale a una experiencia profunda: recordar lo que fue, recuperar una especie de cordón umbilical con el pasado. Lo que me inspira es cómo la fotografía tiene esa capacidad de crear y reinstaurar algo misterioso en la vida. Siempre se trata tanto de lo que la imagen nos deja ver como de lo que nos oculta.

Para empezar, quería ser arquitecto. He descubierto que prefiero usar el sol como mi luz y como mi sujeto. Cuando fotografío un espacio, lo que intento es capturar cómo la luz solar se acumula dentro de él. Y lo que más me fascina de fotografiar espacios es capturar esa sensación de habitabilidad, de intimidad—cuando el espíritu de un lugar te acoge, cuando sientes que ya has estado ahí antes.

Como artistas, creo que enfrentamos una tarea particular que quizá solo ha surgido en tiempos recientes. Esa tarea consiste en encontrar maneras de hacer, presentar y pensar la fotografía que sean capaces de infiltrarse y perturbar el sistema. En otras palabras, intento llamar la atención sobre el hecho de que los mundos del arte y lo comercial no son necesariamente excluyentes, pero existen en una tensión fascinante. Y debemos reflexionar con más cuidado sobre esa tensión si queremos que la fotografía deje atrás su lógica de mercado y recupere su capacidad de conectarnos con lo real.

En esta etapa de mi trabajo, busco formas de preservar o al menos crear una dimensión de misterio. Vivimos en una época caracterizada por el exceso de luz y brillo en muchos ámbitos, y descubro que a menudo intento ir en contra de eso. Lo que me interesa ahora, y lo que he tratado de hacer propio en mis imágenes, es el poder de la sombra.

Diré esto: Ciudad de México es la única gran ciudad de América del Norte que todavía me parece culturalmente viva. ¿Nueva York, Los Ángeles? Claro, siguen funcionando, pero en Ciudad de México todavía se siente que algo emocionante está ocurriendo. Todavía hay formas culturales que crecen, luchan, se reinventan. Personalmente, no siento eso en ningún otro lugar al que voy.

Antes de desviarme, diré esto: no lo sé, porque no lo he visto.
Pero lo que me gustaría fotografiar es la historia de un lugar que ha sido olvidado.

En su forma de hablar sobre fotografía, Seth deja ver que lo suyo no es capturar imágenes, sino pensar a través de ellas. Su fotografía, guiada por la filosofía, se convierte en una forma de pensar con la luz y de rendirse al misterio. En cada imagen, parece preguntarse no solo qué vemos, sino qué permanece en sombra. Porque para él, la verdad no siempre está en lo evidente, sino en lo que la imagen apenas deja entrever. Su obra, sostenida por esa sensibilidad, revela que toda imagen verdadera guarda tanto lo que muestra como lo que calla.

Autor

  • Viviana Adame

    Estudiante de relaciones internacionales y filosofía. Fordham university. Orgullosamente mexicana viviendo en Nueva York.

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Viviana Adame

Estudiante de relaciones internacionales y filosofía. Fordham university. Orgullosamente mexicana viviendo en Nueva York.
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