Reseña: Magellan, cine contra el mito histórico

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Dirigida por Lav Diaz y protagonizada por Gael García Bernal, Magellan reimagina la figura del explorador portugués alejándose de cualquier intento de glorificación histórica. Más que una biografía, la cinta funciona como una reflexión crítica sobre la conquista, el ejercicio del poder y la construcción de la historia.

Este enfoque quedó aún más claro durante un early screening en el IFC (Independent Film Center) de Nueva York, precedido por una breve introducción del propio Diaz. El director compartió que el proyecto fue resultado de siete años de investigación del personaje y de un trabajo consciente por confrontar los relatos históricos tradicionales. Para Diaz, enfrentarse a la historia implica cuestionar las narrativas heredadas y desmontar las versiones oficiales que han convertido a figuras como Magallanes en héroes incuestionables.

La cinta gira en torno a la figura de Fernando de Magallanes, navegante portugués al servicio de la corona española que en 1519 lideró la expedición que dio inicio a la primera circunnavegación del mundo. Lejos de celebrar la hazaña marítima, la película se enfoca en los procesos de colonización y violencia que acompañaron la expansión imperial, particularmente en el territorio que hoy corresponde a Filipinas, país natal del director Lav Diaz.

Diaz, conocido por películas como From What Is Before, Norte, the End of History y The Woman Who Left, ha construido una filmografía que privilegia narrativas sobre memoria histórica, colonialismo y violencia estructural. Magellan, estrenada en el Festival de Cannes y seleccionada por Filipinas para su consideración en la categoría de Mejor Película Internacional en los Premios Óscar, continúa esta línea autoral. En Magellan, este enfoque se traduce en una revisión deliberada de la historia que desafía la ortodoxia historiográfica y desmantela los relatos heroicos tradicionales.

De acuerdo con Diaz, la elección de Gael García Bernal para interpretar a Magallanes fue una decisión consciente de desafío a la iconografía histórica tradicional. Al optar por un actor mexicano y mestizo, el director se distancia de una representación homogénea y plenamente europea del explorador, subrayando el carácter construido de esas imágenes históricas. García Bernal, conocido por su participación en proyectos como Amores perros, Y tu mamá también, The Motorcycle Diaries, No y Neruda, encaja con precisión en la visión del director. Su trabajo actoral se alinea con el interés de Diaz por figuras históricas problemáticas, alejadas del heroísmo clásico.

Uno de los mayores aciertos de Magellan es precisamente la interpretación de García Bernal. Su actuación es contenida y deliberadamente opaca, evitando cualquier gesto de glorificación. Más que construir un protagonista carismático, encarna a Magallanes como una figura incómoda y distante. El uso constante del portugués a lo largo de la película refuerza la verosimilitud del personaje y consolida la transformación del actor en el Magallanes que propone Diaz, en coherencia con la lectura crítica de la historia que atraviesa toda la cinta.

La dirección de arte de Magellan destaca por su mirada antropológica y una coherencia visual sostenida. Diaz opta por tomas que, más que remitir al lenguaje cinematográfico convencional, se sienten como una visita a un museo de historia natural: la cámara rara vez se mueve, no asigna juicios morales y privilegia la observación prolongada. Los colores opacos y los ángulos incómodos construyen una experiencia visual que desplaza el centro narrativo del conquistador hacia los cuerpos, los rituales y los paisajes, tratados como territorios vivos más que como escenografía. Esta puesta en escena evita la exotización y explora el lado más oscuro de la condición humana en el contexto de la colonización, subrayando su violencia implícita sin recurrir a subrayados explícitos. La dirección de fotografía alcanza un nivel de elaboración visual excepcional y sostiene con rigor el posicionamiento crítico y anticolonial de la película.

No obstante, no todo en Magellan son aciertos. La película no está pensada desde una lógica comercial y su duración, sumada a la casi total ausencia de progresión narrativa, vuelve la experiencia densa y exigente. Diaz privilegia de tal forma la contemplación y la acumulación de escenas prolongadas que deja en segundo plano cualquier desarrollo dramático capaz de sostener el interés del espectador. Además, la cinta ofrece poco contexto histórico, lo que dificulta la lectura para quienes no estén familiarizados con la figura y la relevancia de Magallanes. El resultado es una obra que se percibe por momentos eterna, no por la complejidad de su propuesta, sino por un tempo que exige paciencia constante sin ofrecer suficientes variaciones narrativas o formales, poniendo a prueba al espectador y rozando más el ejercicio de resistencia que la experiencia cinematográfica.

Sin embargo, a pesar de su densidad y de no ser una película de acceso fácil, Magellan y la propuesta estética y política en la que se empeña Diaz resultan relevantes dentro de una revisión crítica del legado colonial. La cinta plantea una forma poco habitual de confrontar y reescribir la historia desde el cine, alejándose del relato épico para exponer sus fisuras y silencios. En ese sentido, funciona como un gesto deliberadamente incómodo que invita a repensar los mecanismos mediante los cuales se han construido las narrativas históricas dominantes, fomentando una lectura crítica del pasado y de las estructuras de poder que lo sostienen.

Magellan no es una película comercial ni particularmente entretenida, pero eso no define su alcance. Su valor reside en la mirada innovadora y deliberadamente incómoda que propone sobre un episodio histórico saturado de mitos y relatos épicos. Al evitar la glorificación, la cinta construye una representación más humana y crítica que obliga al espectador a confrontar las implicaciones del pasado colonial. Más que ofrecer respuestas cerradas, Magellan funciona como un ejercicio de cuestionamiento que interpela la forma en que la historia ha sido narrada, legitimada y consumida. En ese sentido, vale la pena acercarse a la película en su próximo estreno en México, no como una experiencia cómoda, sino como una invitación a mirar la historia desde un lugar menos complaciente.

Autor

  • Viviana Adame

    Estudiante de relaciones internacionales y filosofía. Fordham university. Orgullosamente mexicana viviendo en Nueva York.

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Viviana Adame

Estudiante de relaciones internacionales y filosofía. Fordham university. Orgullosamente mexicana viviendo en Nueva York.
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