Vincent y Theo una historia de hermandad

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Cada vez que escuchamos el apellido Van Gogh, es prácticamente imposible evitar pensar en su importancia histórica como artista, marcando un antes y un después en la historia moderna del arte. Es inevitable evocar obras como La noche estrelladaAlmendro en florLos girasolesCampo con amapolasTerraza de café por la noche o Noche estrellada sobre el Ródano.

Aunque poco se habla de la magnífica obra que fue su vínculo con Theo, su hermano menor, quien lo acompañó a lo largo de su vida desde sus inicios hasta sus últimos días. La importancia de la perseverancia, un lema que ambos compartían, impactó de manera profunda en la historia del arte.

El camino que ambos hermanos debieron recorrer para que hoy podamos disfrutar de su trabajo en cientos de exposiciones alrededor del mundo solo puede comprenderse conociendo el contexto de sus vidas, el cual fue plasmado en la correspondencia que mantuvieron. Vincent escribió más de 650 cartas a Theo quien las guardó cuidadosamente en los cajones de su departamento en Francia. Más tarde, Jo Bonger, viuda de Theo y madre de su único hijo, se encargó de preservar y dar a conocer esa correspondencia.

Los dos nacieron en el seno de una familia unida, desde pequeños estuvieron rodeados por dibujos y litografías que su madre, Cornelia Carbentus, colgaba en cada rincón del hogar. Su inclinación por el arte fue casi inevitable, ya que la mayoría de sus familiares se relacionaban de algún modo con formas de expresión artística. Vincent comenzó a trabajar desde joven en una librería, con el deseo de aligerar la carga económica familiar y devolver un poco de lo que sus padres le habían brindado. Sin embargo, tenía claro que no quería pasar su vida diseñando membretes ni vendiendo artículos de oficina.

Durante una visita a casa, Vincent y Theo realizaron una caminata rumbo a un molino, donde Vincent le dijo: “Tenemos algo que darle al mundo. Eso es lo que me mantiene firme. Ambos estamos aquí por una razón”. Esta escena quedaría inmortalizada más tarde en una pintura titulada El molino de Laak cerca de La Haya.

Vincent Van Gogh, El molino ceca de La Haya ,1882

Esta escena quedaría inmortalizada más tarde en una pintura titulada El molino de Laak cerca de La Haya. Obra que representa el turbulento y difícil camino que ambos hermanos recorrieron para cumplir con lo que Vincent vislumbró aquel día. Ese día, ambos hicieron una promesa: pasara lo que pasara, siempre estarían el uno al lado del otro. Sin saberlo, estaban construyendo el camino para que la obra de Van Gogh pudiera resistir el paso de tiempo.

Cuando Vincent decidió, con pasión y determinación, mantenerse fiel a sí mismo y compartir su arte con el mundo, las dificultades no tardaron en multiplicarse. El dinero era escaso, los materiales costosos, y su técnica aún no le permitía expresar con precisión aquello que sentía: emociones profundas que pocos sabían captar como él. A esto se sumaba el deterioro de su salud mental, afectada por antecedentes familiares, una alimentación deficiente y el descuido personal.

A pesar de todo, en esos años iniciales se volcó de lleno al estudio de las bases de la pintura: perspectiva, profundidad, anatomía y el juego entre luces y sombras que da vida a una escena. Realizó cientos de dibujos a carbón sobre papel, uno tras otro, con dedicación inquebrantable. Siempre con la certeza de que, paso a paso, se acercaba a su meta.

Vincent Van Gogh, Grabado, 1882.

“Prefiero involucrarme con alguien que sea fea o vieja e incluso empobrecida o infeliz de alguna manera, alguien quien haya adquirido sabiduría y un alma a través de experimentar la vida a base de prueba y error, o dolor.” – Vincent a Theo, 1882

Mientras tanto, Theo inició su carrera como asistente en una de las galerías más reconocidas de París. Se esforzó por destacar en cada tarea y buscó el reconocimiento de sus superiores. Su modesto salario le ayudó cubrir los los costos de manutención de su hermano y su madre.

Pese a las adversidades, jamás dejaron de alentarse mutuamente a través de una intensa y sincera correspondencia. Cuando uno se sentía perdido, desbordado o sin rumbo, el otro encontraba la forma de animarlo y recordarle lo fundamental que era persistir, incluso sin garantías de recompensa o de que todo el esfuerzo valiera la pena.

Gracias al respaldo moral y económico de Theo, Vincent pudo dedicar su tiempo a perfeccionar su técnica. Tras años de trabajar solo con papel y lápiz, decidió que era momento de pintar con colores sobre lienzo. La transición le entusiasmó: veía cómo sus estudios cobraban vida con una paleta propia del norte de Europa, sombría y expresiva, donde los personajes reflejaban la lucha interna que ambos hermanos compartían.

Vincent Van Gogh, Los Comedores de Patatas,1882.

Vincent sabía que aún estaba en una etapa temprana de su desarrollo artístico, por lo que veía en cada instante cotidiano una oportunidad para practicar, evolucionar y reinventarse.

“No puedo evitar progresar precisamente a través del aprendizaje mediante la práctica. Cada dibujo que uno hace, cada estudio que uno pinta, es un paso. Es como andar por un camino: se ve el campanario a lo lejos, pero el terreno es ondulado; cuando uno cree estar cerca, aparece otro tramo que no se había visto antes. Sin embargo, uno se aproxima.” — Vincent a Theo, 15 de octubre de 1883

Theo comprendió que ambos estaban comprometidos a dejar una huella perdurable, por lo que no dejó de enviar dinero, materiales, litografías, referencias y sugerencias sobre el mundo artístico. Su trabajo en la galería le permitió entrar en contacto con pensadores y artistas que proponían nuevas formas de ver el arte: Émile Bernard, Henri de Toulouse-Lautrec, Paul Gauguin, Camille Pissarro, Auguste Rodin y Claude Monet.

Retrato de Vincent Van Gogh por Henri de Toulouse-Lautrec 1887

El impresionismo no captó la atención de los grandes críticos de arte en París; sin embargo, Theo estaba convencido de que representaba el futuro del arte. Por ello, al observar el progreso en la obra de Vincent, decidió exponer también las piezas de otros artistas en su galería y decide adquirir diez obras de Monet que fueron instaladas en el entresuelo de una exposición, donde un crítico reconoció el extraordinario trabajo de Theo. Todo esto ocurría mientras los problemas de salud que Theo había padecido desde niño lo atormentaban cada vez más.

Vincent Van Gogh, Novelas francesas apiladas, 1887.

Esto le provocó a Vincent un sentimiento de culpa, pues era consciente del apoyo que recibía por parte de su hermano, lo cual lo hacía sentirse como una carga económica. Esto se ve reflejado en las cartas que le dirigía. Sin embargo, Theo nunca dudó del talento de su hermano y siempre tuvo la certeza de que su esfuerzo tendría un resultado.

 “Tu trabajo y … tu afección de hermandad… vale más que todo el dinero que algún día podré poseer.” – Theo a Vincent, 24 de abril, 1899.

No pasó demasiado tiempo antes de que el circulo interno de los hermanos Van Gogh reconocieran la genialidad de ambos; tanto de Vincent como artista y de Theo como visionario y defensor del movimiento impresionista. Émile Bernard, quien más tarde ayudaría a organizar la primera exposición en solitario de Vincent tras su muerte, escribiría a sus padres: “Además de ser un artista extraordinario, es un pensador, porque cada una de sus obras encierra una idea que se revela a quien la busca”.

Vincent Van Gogh

Theo comprendía el gran talento que Vincent demostraba a través de la evolución de sus obras y se preguntaba constantemente si algún crítico llegaría, al fin, a reconocer el valor de su arte. Incluso llegó a pensar que tal vez Vincent no viviría para presenciarlo. Ante esta duda, Theo le escribe a su hermano lo siguiente:

“Deberías de tener la satisfacción de que eres uno de esos pocos grandes hombres que cumplieron con su deber al máximo sin obtener ningún tipo de recompensa.”

Inadvertidamente, Theo terminó profetizando el destino de ambos, pues ninguno llegó a presenciar el reconocimiento de aquello que construyeron con coraje y determinación. Aun así, la belleza de su obra y su lucha quedaron inscritas para siempre en la historia del arte

Heiligman, D. (2017) Vincent and Theo : The Van Gogh Brothers (Henry Holt and Company) (1 Edición). Anna Booth

Autor

  • Emmanuel Ramírez

    Actor emergente, amante de la música, el cine y el arte. Me interesan los proyectos de desarrollo sostenible. Soñador en la decadencia.

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Emmanuel Ramírez

Actor emergente, amante de la música, el cine y el arte. Me interesan los proyectos de desarrollo sostenible. Soñador en la decadencia.
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