El Arte Sombrío de Ken Currie

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Somos criaturas de ensueños e ilusiones, y la sociedad a menudo se asemeja a un oscuro campo de batalla donde los egos luchan entre sí, impulsados por deseos depredadores de poder y control sobre los demás. Nos engañamos al creer que vivimos en una sociedad civilizada, racional y democrática, en lugar de enfrentar una realidad que tiene más en común con una colonia de babuinos que con cualquier otra cosa.”
—Ken Currie

Oscuridad, vulnerabilidad, violencia y muerte son los temas centrales en la obra de Ken Currie, un pintor escocés de 64 años formado en la Glasgow School of Art. Currie fue miembro de los New Glasgow Boys, un movimiento generacional de los años ochenta que, a diferencia de las tendencias abstractas y pop del momento, destacó por un regreso a lo figurativo y su enfoque en la figura del trabajador, ganando así notoriedad en la escena artística internacional.


Las primeras pinturas de Currie difieren de sus obras actuales, cargadas en ese entonces de un mensaje político fuerte, inspirado en los movimientos obreros de la época y en la influencia de muralistas mexicanos como Siqueiros y Rivera. Sin embargo, tras la caída del Muro de Berlín, Currie sufrió una profunda decepción política, reforzada por su desilusión con el régimen estalinista. Este desencanto marcó un giro radical en su obra, llevándolo a una transformación artística y a una búsqueda personal sobre el sentido de su trabajo.

Two Trade Unionists by Ken Currie, 1986


Una de las primeras referencias que Currie encuentra en su nueva dirección es la obra de Francisco de Goya, en particular sus creaciones de la última década de vida, cuando Goya, al igual que Currie, confronta las fuerzas oscuras que amenazan la razón. “Goya era un artista moral comprometido con la Verdad y la Razón”, afirma Currie, quien, a diferencia de Goya, tomó la decisión consciente de orientar su arte hacia estos temas, buscando un reflejo racional y profundo de la condición humana.
Con la Guerra de Bosnia, la convicción de Currie en la política se desvanece por completo, pues la violencia y el absurdo de este conflicto confirman para él el fracaso de la razón y la verdad. Desde este momento, su obra se convierte en un estudio sombrío sobre la violencia y la muerte. Inspirado también por las escenas de Pieter Bruegel, Currie representa la condición humana de manera pesimista, mostrando a individuos atrapados en su naturaleza egoísta e incapaces de trascender sus propios intereses para alcanzar ideales colectivos.


Su desencanto político lo lleva a temas más universales como la vulnerabilidad y la fragilidad humanas. “La verdadera tragedia radica en los intentos de los seres humanos por imponer orden en el caos que los rodea”, escribe Currie. Así, se siente atraído cada vez más por la idea de que, lejos de cumplir funciones biológicas básicas, nuestra vida carece en gran medida de un sentido profundo.
En su obra Self Portrait with Skeleton Arm (1995-1996), Currie elimina toda referencia espacial, dejando la figura central suspendida en la oscuridad. Esta oscuridad, que alude no solo a la ausencia de espacio sino también a un “estado más allá de la existencia material, a la nada”, se convierte en una metáfora visual de la conciencia de nuestra existencia finita y de la aterradora verdad de nuestra fragilidad humana.

Self Portrait with Skeleton Arm, Ken Currie

En sus diarios, encontramos a un Currie constantemente atormentado por el propósito del arte y por la disyuntiva de si este debe o no ser político. En sus reflexiones, el pintor dialoga con las ideas de Philip Guston, quien sostiene que el arte debe ser político, y de Matisse, quien veía el arte como algo que trasciende los intereses políticos y la realidad cotidiana. Para Currie, esta es una lucha constante entre el fatalismo de Schopenhauer y el intervencionismo marxista humanista, pero su conclusión es siempre la misma: en una existencia carente de sentido, ningún enfoque es verdaderamente suficiente.
En Los Tres Oncólogos, obra encargada por la Galería Nacional del Retrato Escocés, Currie retrata a tres destacados especialistas en cáncer del Hospital Ninewells de Dundee. Este encargo le recuerda que el centro de su interés ha sido siempre el estudio del ser humano. En su diario, escribe: “Marx dijo una vez que ser radical significa ir a la raíz del asunto; para el hombre, sin embargo, la raíz del asunto es el hombre mismo. Los caprichos y las inestabilidades de la situación humana han sido una de mis preocupaciones centrales como pintor”. Para Currie, los retratos no tratan sobre el poder, sino sobre la contingencia y vulnerabilidad humanas.

En un ejercicio que evoca La lección de anatomía del doctor Deijman de Rembrandt (1656), Currie es invitado a observar de cerca algunas de las partes anatómicas que los médicos están a punto de operar. Describe cómo se siente horrorizado y fascinado por los colores y texturas, y reflexiona: “Podría decirse que lo que observé simultáneamente me aterrorizó y me maravilló”. Esta experiencia le da un fuerte golpe de realidad sobre el cuerpo humano y nuestra inevitable mortalidad.
El terror y pesimismo en la obra de Currie residen en la idea de que nuestras vidas están definidas por la suerte y que el universo es, en última instancia, un misterio. Aun cuando la ciencia nos da una falsa sensación de control y la religión nos otorga una ilusión de sentido a través de los mitos, ambos son intentos ineficaces para aliviar el dolor de la existencia. Al respecto, Currie reflexiona: “En el corazón de la condición humana hay un horror existencial demasiado difícil de soportar. La ciencia intenta controlar el horror mediante una explicación racional, mientras que la religión busca consolarnos ante sus terribles implicaciones

Referencias:
Currie, K. (2023). Ken Currie: Paintings and Writings (T. Normand, Comp. y Ed.). Luath Press Limited.

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César Ríos

Escribo sobre arte y música
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